fluir seguido

Estoy obsesionado con el concepto Flow. Es increíble y muy cierto.

Cuando estás en Flow, la mente te gira al tope. Se me ocurre todo y de pronto… nada, ya no escurre más shampoo… ¿Cómo? pues si creo que lo compre apenas, no sé en qué momento se vació.

La idea de Flow, en materia de psicología positiva, es un estado de inconsciencia que se da cuando alguien fluye concentrado en algún acto, de forma tal, que pierde la noción del suceso y el tiempo.

Por ejemplo, dicen que un matemático puede entrar en Flow mientras despeja, en su mente y pizarrón, una ecuación compleja, la cual reta al máximo su destreza y talento, lo que lo absorbe por completo y lo mantiene fluyendo fascinado, lo abstrae del contexto y el entorno inmediato, a tal grado que podría pasar horas y horas, sin conciencia del tiempo lento o inclusive quedarse sin comer días.

A mi me pasa seguido, mientras apurado me baño imaginando un episodio que resuelve una situación dada, de repente me encuentro ya terminando de zacatear me las nalgas y caigo en cuenta, de que no me he lavado la cabeza todavía. ¿O si? Lo dudo, creo que no, pero me extraña que no, que raro… juraría que ya estaba terminando pero siento que el tiempo no ha pasado. ¿A poco ya estoy acabando tan rápido, a qué hora fue que ni me di cuenta?

En fin, apenado conmigo mismo por el probable desperdicio de agua, me vuelvo a echar shampoo y por si las dudas me enjabono, posiblemente de nuevo, las nalgas y axilas por si fuera el caso. En eso ando, cuando de repente me cuestiono si la solución que había imaginado para aquella situaciones dada no sería inoportuna o hasta equivocada.

Qué más da, en fin ya todo caerá por su propio peso, seguro se resuelve justo en su momento. No me voy a quebrar ahorita la cabeza por algo así de absurdo.

¿Qué tal un shampoo que se llamara Flow? y que su eslogan fuera “ Mind your head”… esta bueno me cái ! Y qué tal si le meto design thinking a la botella y en la boca de salida le invento un dosificador diario, una especie de tapa que no te deje volver te a poner Flow en la cabeza, solo una vez al día. Sería genial, sin duda. 

trece lunas en del mar

I am now living the life of my dreams

in an easy and relax manner,

in a healthy and positive way

in its own perfect time

for the highest good of all.

Marc Allen 1997

El momento era oportuno, mi negocio en marcha, según yo mi matrimonio bien también, ambos por cumplir quince años, mis hijos de 11 y 9 años, aparentemente todo bajo control y dispuesto.Yo a punto de 39, pensando librar la crisis de los cuarenta con un merecido año sabático, el segundo de mi vida, el primero había sido hace 20 años… decidí que ya era tiempo de otra pausa en el camino. 

Se alinearon los astros, crucé la atmósfera conocida, escapé de la órbita trazada y partí con rumbo a lo desconocido. Así podría explicar cómo fue posible nuestra aventura en California. 1997-1998 fueron años increíbles y extraordinarios para vivir en ésta era, y vivir en Del Mar fué de fantasía, el colmo de la buena suerte. Uno más de mis privilegios inmerecidos. Les cuento como fue que sucedió:

Con el favor y complicidad de mi anterior y consecuente esposa, fue que se fue acomodando la circunstancia apropiada para despegar… nunca es el momento ideal, ni se da  la situación perfecta, y el costo o beneficio no se sabe hasta que se sabe… a tiempo pasado. Pero eso es lo emocionante de vivir con una dosis sana de incertidumbre e inconsciencia.

Es asombroso cómo se van dando las cosas cuando visualizas un propósito y vas decidiendo con claridad en una dirección dada. Si eres capaz de imaginarlo bien, eres capaz de hacerlo también. “Begin with the end in mind”. Ahora ya lo entendí mejor y me pasa siempre que me propongo algo con convicción o permito que algo suceda de forma natural.

Lo planeamos con dos años de antelación y lo anunciamos con un año de anticipación, al tiempo justo que decides que ya no hay vuelta atrás. Esos dos momentos son críticos para que algo suceda conforme a lo proyectado.

La fecha llegó puntual e  inevitable. Volamos a San Diego con cuatro maletas pesadas y cuatro leves expectativas. Pero nunca imaginé lo que iba a significar ese viaje en mi perspectiva de vida. Aterrizamos en una realidad diferente en donde el paisaje, el aire, el ambiente, la cultura era de otro mundo, uno mucho más avanzado, bien ordenado y por lo tanto civilizado. Las costumbres de vida eran otras muy distintas a las acostumbradas en el resto del planeta conocido. El contexto era ideal para encontrar lo que estaba yo buscando sin saberlo.

Dos años antes hicimos el scouting de posibles lugares para salirnos de México, había que considerar varias cosas claves: la escuela pública del distrito, la cercanía al mar, aire limpio, buen clima, tranquilidad y libertad de movimiento ( seguridad), gente decente y entendida,  buena dicción de inglés, población demócrata, cultura avanzada. Todo y más de lo que buscábamos lo encontramos en Del Mar, después de haber recorrido toda la costa oeste de California, pueblo por pueblo, playa por playa, escuela por escuela, ciudad por ciudad, desde San Diego hasta San Francisco. Antes habíamos ido al otro extremo, Miami, y no encontramos lo que después supimos que estábamos buscando y si encontramos en Del Mar. “Life quality within walking distance without the snub noise”.  

Nuestra residencia estacional, estuvo justo en donde debía estar: 111 Eleven Street Del Mar CA. una increíble dead end street que descendía de una panorámica colina directo al imponente Océano Pacífico, y desembocaba a una exclusiva y extraordinaria playa de surfers, a unos cincuenta pasos de distancia de nuestra casa, justo al otro lado de las vías que transitaban sigilosos los legendarios trenes Coast Starlight y Pacific Surfliner de Amtrak.    

En las noches sin luna, el cielo lucía asombroso de estrellas, un espectáculo que se apreciaba pleno gracias a que no existía en “Old Del Mar” alumbrado público que nublara la visión profunda. Eso sí, para disfrutar una caminata de noche, se necesitaba linterna o en su caso luna llena. En una ocasión, recién llegados, cuando me enteré que no había luz en la colonia fue cuando salí a la calle a buscara a mi hijo Diego que no regresaba de casa de un vecino amigo. Apareció al poco tiempo, de entre la tenumbra, doblando la esquina con gesto de apuro. Se me iluminó la cara de alivio y los dos aprendimos del sentido abrumo, que en esas latitudes atardece temprano y se hace presente la bruma oceánica. Y si no sale la luna, no se ve nada allá afuera. 

Al día siguiente, extrañado por la falta de alumbrado pregunté a mi conocido cartero la razón de la incomprensible obscuridad en un pueblo tan avanzado. La respuesta fue sorprendente para mí : La comunidad se había opuesto desde siempre a alumbrar las calles; con el fin de no ahuyentar a la diversa y nutrida fauna local: zorrillos, mapaches, ardillas, roedores, murcielagos, buhos, serpientes y de más bichos nocturnos  Ahí, la gente civilizada, desde entonces cuidaba el impacto ambiental de la agresiva iluminación urbana y otras sonoras molestias del supuesto desarrollo urbano.

Con dicha inteligencia comprendida, disfruté en adelante de mis caminatas bajo la azulada y nebulosa luz de la luna en del mar, acompañado del silencio sereno del ambiente natural y sus entonadas olas reventando al ritmo de mi inspirada respiración. Acentuando así el misterio de los nobles cedros silueteados con evidente intención estética sobre el horizonte del pacífico americano. En particular saliendo por la solitaria tras calle de la casa, en camino al borde de la costa, en esos paseos se retrataban mágicas escenas de película extranjera.

Aprendimos a no extrañarnos de casi nada,  eran tiempos extraordinarios: La televisión seguía siendo el medio más visto y lo que por ahí se veía era inverosímil pero en apariencia real: Recién llegados salió una nota de que muy cerca de donde vivíamos, en Rancho Santa Fe, sucedió un suicidio colectivo. El líder de una secreta secta ovni, convenció a sus treinta y nueve creyentes de que sus almas podrían salvarse en una nave espacial que venía detrás del cometa Hale-Bopp. La muerte les llegó a todos acostados sobre unas literas dispuestas estratégicamente y a bajo de unas mantas negras bien tendidas. La causa fué una sobredosis de un barbitúrico llamado fenobarbital mezclado con zumo de manzana y vodka.

Al poco tiempo nos enterábamos que Gianni Verssace era asesinado en la reja de su casa en Miami Beach. En Beverly Hills. Oj Simpson era declarado culpable de asesinar a su mujer blanca y acto seguido La princesa Diana de Gales, perseguida por unos morbosos paparazzis, se mataba en un aparatoso choque abajo de un paso a desnivel en París. Encima, del otro lado del mundo, moría de muerte natural la Madre Teresa de Calcuta un día antes de los funerales de Lady D.

Por otro lado era de notar la extravagancia de las noticias políticas del momento, ya que la sociedad norteamericana se encontraba en medio de un debate nacional sobre si la mancha en el vestido de Laura Lewinsky era semen del presidente Clinton, o de alguien más. Al final de ese año en Japón, se acuerda el inédito Protocolo de Kioto sobre el cambio climático, mientras 685 niños son hospitalizados, víctimas de ataques epilépticos, por haber visto un episodio de Pókemon.  Otra de sectas fue la de la taiwanesa Chen Tao, quien anunció que a las 0:01 h, el dios Yahvé se podría ver en el canal 18 en todos los televisores de Estados Unidos, dando así inicio al fin del mundo. No fue asï. Punto y seguido…en Los Ángeles , dos días después del fallecimiento del gurú peruano Carlos Castaneda, autor de los libros nahuales, desaparecen sus cinco seguidoras y amantes principales: Florinda, Taisha, Patricia, Kylie y Talia, para seguir un pacto de suicidio en el desierto. Y así sucesivamente todas las semanas aparecían, en la tele o en la prensa, nota tras nota una más roja o más loca que la otra.

Al mismo tiempo en México, se iniciaba el principio del fin de la dictadura oficial: el PRI perdía por primera vez en 68 años la mayoría en la cámara de diputados y yo desde el primer mundo ni me inmutaba.

En USA, era la época de los audaces dot com, y las ganancias de la bolsa. El ambiente en California era de fantasía y para los locales muy rentable. 

Mis días eran asombrosos; temprano en la mañana después de despedir a mis hijos subiendose al precavido y puntual autobús amarillo, me enfundaba en mi termoelástico wetsuit azul profundo, abrazaba orgulloso mi tabla de surf y me metía temerario e inconsecuente, a encontrarme con algunos vecinos al otro lado de la línea de rompeolas. En una mañana de entre semana, podíamos estar ahí esperando a la ola perfecta, una docena o más de surfers locales, todos menos yo, diestros en el arte de deslizarse en lo alto de la marea. Mi ola ideal siempre tardaba en llegar bastante más que la de los demás, y cuando por fin lograba subirme a mi desequilibrada tabla amarilla, me sentía flotar feliz, volando audaz sobre el reflejo azul del cielo en movimiento. 

De regreso en casa, normalmente compartía un desayuno americano con Varenka y comentábamos casuales sobre la evidente fortuna y las fortuitas situaciones vividas, mientras nos acostumbrabamos a disfrutar la vista y la vida desde nuestra increíble realidad pasajera. Alrededor de mis 10 am, me conectaba al trabajo en México, con dos horas de ventaja, vía un aún lento e inestable internet y por medio de un nervioso modem externo de última generación, gracias al cual milagrosamente se podían ya enviar, con paciencia eterna, documentos o imágenes anexos en correos electrónicos o faxes que no pesaran más de dos megas, que ya era mucho decir. Gracias a mis consecuentes colaboradores del despacho, a mis once treinta y a sus correspondientes nueve treinta, normalmente quedaba yo libre de ir a tomarme un expresso a la cafetería del barrio, en donde en t shirt y jeans me encontraba de nuevo a algunos de los surfers mañaneros y a otros parroquianos en shorts y colgados de sus móviles nokia o ericsson emprendiendo negocios punto com a distancia, moviendo sus acciones del pesado Dow Jones al veloz y vigoroso Nasdaq. Al parecer todos los ahí presentes bien vivían de lo que ganaban de la bolsa, menos yo, que nada más la echaba.

visionagria

Ya entendí: había estado pensando de forma obtusa, con una visión limitada. Ahora comprendo la cancelación del aeropuerto faraónico. No iba a servir de nada… estaba ambicioso y sobrado. Nuestro líder nacional está viendo mucho más allá, con una visión de mucho mayor alcance. Santa Lucía será más que suficiente para recibir a los muy pocos extranjeros que querrían venir a un país violado y militarizado. Será un puerto austero, resguardado por el ejército, una forma más segura de no permitir entrar a extraños enemigos, ni dejar escapar a ingratos futuros expatriados.

El turismo en cinco años más, será una industria de verdad ociosa, lo que realmente se necesita para controlar al país y avanzar padelante, es encerrarse y seguir mamando del remanente petrolero. Luego entonces en lugar de pistas de despegue, se necesitan, otra vez, pozos profundos y refinerías de crudo… urge extraer el recurso del subsuelo, para enajenarlo rápido y a cómo se pueda, antes de que la energía limpia haga obsoleta la quema de combustibles fósiles. Para sacar al país del hoyo, se necesitan más y mejores vías férreas, para cruzar así, por la selva maya, el codiciado oro negro junto a sus sindicados obreros charros, y llegar por fin a la última estación de la hambrienta refinería de dos bocas.

La economía de competencia fracasó absurda y trágicamente, nunca se logró el desarrollo requerido para progresar todos parejo. Solo unos cuantos alcanzaron la ridícula riqueza absoluta, los demás se quedaron atrás, hasta tras de la cola, de la interminable fila de pobres, formados para treparse al vuelo, al flamante tren de la esperanza.

jacuzzis

Existe también gente con jacuzzi en su departamento de la Planetario Lindavista, algunas de estas además, con su tiempo compartido en Acapulco, junto con centenas de otras familias parecidas, en desiguales condominios con albercas desoladas y jacuzzis asoleados. Sin mar enfrente, pero con derecho a brazalete de acceso a un apretado club de playa, a diez minutos de acalorada distancia en coche apenas acondicionado al clima.

El jacuzzi antes mencionado, de no menos de cien litros de agua enardecida por el boiler de paso y recién salida del negro tinaco compartido. Hidroterapia metida entre espejos, apenas en el baño de la recámara principal, igual que en varios otros departamentos de aquella privada conocida. Un lujo que se antoja extravagante, pero la verdad es que, para quien lo goza es una merecida ventaja, al fin y al cabo, bien o mal pagada.

Gente abusada que presume bonanza y aprovecha que el consumo de agua está incluido en la cuota de mantenimiento, igual para todos, con o sin derroche del vital fluido a borbotones desbordado en la presumida tina de hidromasajes. Abusando así del placer obtuso de gastarse el agua ajena a su ancha y regalada gana.

Regresando a lo de Acapulco…Las soñadas vacaciones obligadas, dos veces al año al mar, se convierten en una pesadilla, ya que implica endrogarse más de lo normal, más un impagable sacrificio financiero y un esfuerzo sobrehumano por sobrellevar a la señora y su familia unida; toda junta, al mismo tiempo a dentro de un cuadrado espacio de setenta metros cuadrados. Y encima sobrevivir con el ojete síndrome de abstinencia, por la falta de tomar y fumar lo suficiente, culpa de las absurdas reglas de las áreas comunes, club de playa, albercas, y sobre todo, a los malos ojos y actitud de la suegra enjaretada.

La eterna migraña que te acompaña a la playa y encima nadie para ayudarte siquiera a cargar la hielera, llena de gaseosas familiares para grandes y chicos, todos ya igual de obesos. Ya instalados todos justo a la orilla de las olas, abajo de un toldo de setecientos varos el día, precio siempre de temporada alta, incluidos por supuesto: dos cansados camastros, una mesa medio coja y cuatro sillas disparejas.

El domingo transcurre caótico y católico como es de esperarse. A Sol pelado, arena hirviendo y olas revolcadas de gente chapoteando. Los padres y las madres a grito sordo azuzando a sus escuincles mocosos para que no se metan a lo hondo. Desquiciados estos, con cubetas fluorescentes acarreando agua a la fosa del castillo, ampulados ya sus cachetes de tanto sol obsceno, sin bloqueador que aguante tanto rayo ultravioleta.

De vuelta al jacuzzi en casa, supongo que no hay mayor placer que estar de regreso encerrado en tu baño, sumergido en chorros de agua no renovable. Relajado con una cuba cargada y un cigarro en mano, con el placer del deber cumplido, soñando entre líquido amniótico con la próxima escapada al mar, pero ahora, dios mediante, sin las criaturas malcriadas y con una señora más buena y complaciente.

falsos

Desde hace mucho muchos años, en este mundo falso que vivimos, los infelices aprendieron que el dinero mal habido daba el poder de comprar a todo quien se dejara convencer de lo contrario.

Lo agravante es que estos mismos aprendices de malandros, además, aprendieron a mentir cínicamente.

Entendieron desde niños a que dominar la entonación jalada y el lenguaje floreado, además de dar buenas calificaciones, les daba por buena, la absurda sinrazón para engañar y enredar con la retórica oratoria a cualquiera que no entendiera de razones.

Estos oradores relamidos con saliva, han logrado con su labia empalagosa, dominar la tenebrosa escena política y transar desde el estrado secuestrado, para desviar nuestro dinero a su conveniencia y ganar así, una y otra vez, el poder de comprar a todo quien se dejara convencer de lo contrario.

“Yo ya no me pertenezco, yo ya soy de ustedes, soy del pueblo de México, sin ustedes los conservadores me avasallarían fácilmente, pero con ustedes, me van a hacer lo que el viento a Juárez».

«Estamos ante un momento estelar en la historia porque entre todos, empezamos a construir la justicia y la felicidad que nuestro pueblo merece y una nueva vida para nuestra gran nación ¡Viva México!”

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discurso en curso

Siendo un formal empresario, hace más de 18 años vote por fox para presidente, creyendo ingenuo que la “derecha” era la mejor opción de cambio y la salida posible a los malos y abusivos gobiernos del partido de “la revolución institucional” ( lo que sea, que eso haya significado). Antes, convencido vote de “izquierda” por Cárdenas, quien fue vencido a la mala en urnas vilmente violadas… y después hace 13 años voté y apoyé a López porque pensé que era tiempo urgente de atender a los más pobres y controlar a los más ricos.

Para esto se necesitaba un líder cercano al pueblo, con un equipo inteligente a su lado, quien supiera manejar el lenguaje popular, con un discurso congruente y empático con la injusta tragedia de las mayorías. Ahí se perdió el momento justo. Y en las dos siguientes elecciones presidenciales, por dignidad y congruencia, anule mi voto.

En aquel pasado crítico, tuve el privilegio de colaborar con la célebre publicista Teresa Struck (mi suegra de entonces QEPD), en la creación de la campaña de su autoría “ Por el bien de todos primero los pobres”, y en aquel entonces discutía civilizadamente con mis amigos priistas y panistas, sobre la conveniencia de que ganara la “izquierda moderada”; que las “barbaridades” que profesaba Lopéz en sus arengas discursivas no se las tomarán personales, que no era a nosotros que nos hablaba el candidato popular, sino a la gente que lo necesitaba y lo pedía a gritos.

Les decía yo convencido, que él ya había demostrado, como jefe en el DF,  que supo mediar y salir bien librado entre “ La ciudad de la esperanza” y “ El territorio Telcel”, Los trataba de convencer, en la incertidumbre, de que López no era un necio y que entendía de que la iniciativa privada era necesaria para el progreso y el cambio que prometía.

Ahora doce años tarde, escuchando a AMLO celebrando de presidente ayer en el Zócalo, espero de verdad, que su discurso surta efecto y sirva para lo que se necesita:

Ganarle tiempo a la apurada violencia y desesperanza, confrontar al desigual status quo prometiendo a los necesitados y a los enojados, que por el bien de casi todos, se va a corregir el estado actual de las cosas. E, idealmente, mantener en marcha lo que mal que bien va en curso. 

Esto último, es lo que no parece que aparece en el discurso en curso, ni en muchas de las acciones o intenciones necias de gobierno. Sin evidencia ni datos convincentes, tendremos que tener fe ciega en la misericorde providencia mexicana.      

clasemedia

Vengo de una ciudad en donde parece que se ha dado algo de progreso y movilidad social. En ese singular lugar, la clase media se sentía así, ya que alguien les hizo creer que la gente bien, comía carne cada tercer día. En esa enorme y descarnada urbe, había puestos de tacos de carne a la parrilla junto a casi cada alcantarilla.

En la superficie de esta metrópoli sobrevivimos básicamente cuatro especies urbanas: Los de mi condición, empleados de media clase; los taqueros; los franeleros y los policías. En el bajo mundo, habitan además otras especies con las que nos cruzamos a diario, pero esos serán materia de otro cuento.

En éste que les cuento… mi día transcurría como siempre: Le dejo muy temprano a mi mujer, para el gasto justo del día y, cada dos semanas, una nota para la casera… que me aguante hasta el día quince por favor. Sin más, me lanzo temerario y en ayunas a la oscuridad y recorro veinte cuadras para ahorrarme la pesera y el riesgo de que me roben el celular con crédito aún.  Abordo el metro en la San Pedro que milagrosamente me lleva directo a Auditorio, de dónde camino apurado veinte minutos para llegar derrapando a las siete cincuenta y nueve a eme a la oficina.

Mi trabajo está en un enorme corporativo con sede en el piso veinte de la Torre Chueca, subo diario en alguno de los ocho elevadores programados, uno más inteligente que el otro, y arriba checo mi tarjeta digital como cualquier, para después en un descuido, bajarme de inmediato a almorzar mi consuetudinaria torta de tamal, con mi atole con canela y dos de azúcar; suficiente, para aguantar de regreso, hasta mis acostumbrados tacos de la noche.

La pobre clase empleada subsistimos con la ilusión de ser de los de enmedio, y sobrevivimos enfermos a dieta de puestos ambulantes, operados por la supuesta clase baja, por los dichosos marginados, que en este caso parece, que en saldo neto, perciben más que sus clientes de clase arriba.

Uno se piensa un extraño afortunado en la ruleta de la vida, siempre te encuentras a uno más jodido que uno, pero todos al final, sobrevivientes, coincidimos en la noche a la salida, en la esquina de los tacos. Unos los pagamos con dos de a veinte y otros no pagan en billete pero hacen posible que el noble y generoso negocio de los tacos, suceda al margen de la crisis, la ley y la banqueta.

De arranque el franelero, que por dos de costilla les aparta su lugar para que a las seis treinta puntual, llegue en su triciclo el de las seis rejas de Boings, a depositarlos en su lugar exacto, poco después como por arte de magia, aparece ahí mismo un bloque de hielo agüitándose sobre la acera tibia, a los cinco o diez minutos siguientes, llegan el de la estaquítas manejando y, cuidando atrás los triques, un trío de dos dispuestos taqueros y el jefe que destapa los boings y cobra los papelitos.

Los tres por igual junto con el chofer que los trajo y los recogerá a las nueve treinta  pe eme, se ponen prestos a armar el puesto, justo a lado de los boings ya fiados, instalación que consta de sus negros postes tubulares, que sostienen su hule verde grueso, bien tensado, su mesa de trabajo enmantelada en amarillo y bien calzada con su cuña de corcholata, su parrilla de fierro cocido y abajo su cilindro chico de gas lleno y hielera de lamina sin tapa.

Más tarde y a la par de algunos como yo, solitarios comensales, se aparecen por su taco, éstos si en pareja, los de la patrulla MX con cinco números, siendo seguro ceros los primeros dos. Con su torreta estroboscópica encendida, ambientando así la aromática y humeante esquina, con su luz alternante, rojo alarma y azul alerta.   

De mi parte, la ambulante cena de echar taco antes de llegar a disculparme en casa de haber comido tarde con los compas de la chamba, en el nunca acostumbrado estanquillo de comida económica, fungía bien de mentira piadosa, para que mañana alcance el cuarto de bisteces con verduras, para toda la familia, incluyendo la muchacha que cocina, siendo así una digna familia de clase media que come carne cada tercer día. A costo de que yo cene parado en la calle y llegue a mi casa a monitorear inapetente, los noticieros amarillos. Para después que mi esposa acueste a los niños, pueda ver con ella, en la cama, una serie en netflix con la posibilidad de no verla y acostarme con mi señora sin dormirnos necesariamente.

En mis sueños sueño, que mañana me anunciarán el esperado ascenso a jefe de área y con eso la ganancia de que alcance para toda la quincena y pueda ahora si comer sentado como dios manda, como en casa de cualquier exitoso taquero de la calle.

F I N

sin corona

Érase una vez a finales de los ochentas del siglo pasado, cuando me encontraba muy temprano, apenas despierto, mirando al horizonte de la mano de mi hija de cuatro años; disfrutando descalzos del agua fresca y la arena fina entre los dedos de los pies… sumergidos en las serenas olas de un increíble mar turquesa, en una pequeña isla poco conocida del caribe.

Andrea curiosa me señalaba un elegante yate recién anclado, cuando vimos a lo lejos y en silencio, como de la cubierta se lanzaban dos hombres al agua, uno tras el otro se dirigían nadando al parecer hacia nosotros. Éramos los únicos presentes, los vimos acercándose como en cámara lenta hasta que ya tocando la arena con la última brazada, se levantó el primero en llegar, primero arrodillado en lo bajo del agua y justo frente a nosotros se pone de pie un hombre muy alto y afilado, que al instante reconozco, – Bienvenido a la Isla –  le digo al conocido extranjero y lo presentó de inmediato a mi chiquita como el Rey de España.

Ella con sus grandes ojos incrédulos de asombro, nos cuestiona – pero no tiene corona-, a lo que el Rey contesta divertido – así es preciosa, la he dejado en el barco para que no se mojara – mientras escurriendo una sonrisa se inclinaba a besarle la mano –vaya qué princesa tan inteligente– se despidió diciéndonos el rey.

De inmediato así como apareció, desapareció rodeado ya de una pequeña comitiva que venía a encontrarlo nada más con su toalla y sus sandalias…Seguía yo sin dar crédito de lo acontecido, cuando ya Andrea con realeza me ordenaba construirle, ahí mismo, un gran castillo de arena.

 

el impostor

Conocido sujeto invitado a una reunión, se sale de la sala a servir un trago, cuando se da cuenta, que él mismo, se quedó atrás hablando con sus amigos y desde ahí apartado, se escuchó ajeno a la farsa que contaba.

Desconcertado y por pena propia, decidió no regresar a la reunión aquella. El dilema era, que quien se quedaba en su lugar, no representaba lo que pensaba de sí mismo. Y por lo mismo, el extraño ese era un impostor de su verdadera persona.

Se quedó un rato inadvertido, apartado de la escena en curso, cuando por lo que alcanzó a escuchar, se percató que los amigos de aquel farsante que lo malinterpretaba, no lo contradecían en nada y consentían todos los disparates que decía.

En medio de semejante desconcierto y sin que nadie lo notara, se salió sin despedir, de la penosa situación en la que se encontraban.