Expectativa de buena vida



Prisma personal vs distorsión social.

Ensayo y error sobre la relatividad del sufrimiento o satisfacción en la vida, desde una perspectiva de escasez y muerte positivas.

CONTENIDO

Pretexto
El sentido de la buena vida
El privilegio como desventaja
La ventaja del desposeído
La equidad artificial y evasión virtual
El espectáculo dentro y fuera del estadio
La adicción a no pensar por uno
La vida con buenos ojos

Pretexto

Escribo este ensayo desde el hoyo gris en el que me encuentro metido al día de hoy. Mi circunstancia personal y familiar es la de alguien que aparentaba y presumía una vida buena hasta hace unos pocos años, en donde al parecer las cosas, sin yo estar consciente, ya iban mal de por sí tiempo atrás, y peor, empezaron a ir muy mal últimamente; siendo así que después de medio siglo de irresponsable soberbia y atrofia empática… mi prisma empezó a reflejar espejismos palpables y distorsiones graves: tronó mi segundo y último matrimonio. Fallé con mis primeros dos hijos (40 y 38), en particular con uno (38) a quien, por mi egoísmo manipulador, le causé, por lo menos, un trauma profundo de abandono y autoestima, del cual no ha podido salir y me culpa con rencor de su desgracia existencial, me da por muerto y pide que lo dé yo por muerto en vida, lo que me causa un duelo doble y una impotencia y tristeza inmensa. Mi otra hija encauzó su vida muy bien en el sueño americano contagiado y, al parecer, a distancia va bien, tiene un esposo en apariencia educado y comprometido y una hija, mi nieta (3), sana y hermosa, me duele sin embargo no poder apoyarlos como se merecen, por lo menos en lo económico, y eso me angustia por no poder estar cerca y útil en sus vidas. De la segunda vuelta y divorcio tengo dos hijos preadolescentes (15 y 12) a los cuales, por mis malos antecedentes evidentes… me temo que; a pesar de tratar de estar presente y dispuesto, no les estaré haciendo nada bien. Por igual, a las exesposas seguro les hice daño, de menos psicológico. Mal y de malas.

A esto se han sumado inconcebibles tragedias de mis hermanos, el que me sigue (65), con una bonita familia formada, perdió a su encantadora y brillante hija mayor (33) inexplicablemente este pasado Año Nuevo, el vacío que sufren los inconsolables papás y la hermana pequeña (27) ha descolocado de tristeza a toda la familia; y antes de esa tremenda pesadilla, ya estábamos con la angustia a tope, debido a que mi hermano menor (62) se tuvo que extirpar un tumor en el cerebro y las secuelas de la brutal cirugía lo tienen sin poder hablar bien y con dificultades de movilidad y equilibrio; la está pasando muy duro luchando por recuperar su vida y sobre todo por el sufrimiento que le causa a su familia; lo que me imagino, es lo que más le duele y deprime. Mi única y querida hermana, ya hace tiempo pasado le tocó difícil en el matrimonio, sin embargo; al parecer, gracias a su alegre firmeza, ha ido mucho mejor sola, acompañada de buenas amigas, de mis papás, hasta ahora, siempre presentes y felizmente de sus dos encantos de hijas modelo. Mis papás (92 y 89), quienes han llevado una vida buena, llena de logros y satisfacciones, ahora al final del trayecto, han tenido que soportar estoicos estas terribles calamidades, lo que nunca se imaginaron sufrir en vida, por lo que me temo, les ha afectado enormemente a pesar de la fortaleza que aparentan y la resignación y buena cara con la que enfrentan el destino día a día y su avanzada vejez con muy buena salud relativa.

Sustento: Lo que narras aquí tiene nombre en psicología: es el duelo múltiple y acumulado. La tanatología contemporánea (Worden) habla de que no se duela solo la muerte, sino la pérdida del rol, del proyecto y de la identidad. Tu “hoyo gris” es lo que Viktor Frankl llamaría el vacío existencial que antecede a la búsqueda de sentido. No parte de la teoría, parte de la vida misma, como pide la filosofía existencial.

Debido a la imposibilidad de mi hermano menor (Director de la Óptica hasta que pudo hacerlo); fue que me tocó, sin nunca antes buscarlo, involucrarme en la empresa familiar, de la cual mis dos hermanos por más de 20 años se hicieron responsables cada uno a su manera, pero no se entendían por culpa de un añejo y familiar conflicto irreconciliable de intereses creados; ahora por lo acontecido, el destino me reclama la tarea de procurar salvar esta compleja situación congénita, lo que me confronta con decisiones ejecutivas que ofenden a mi hermano en duelo; y por si fuera poco, desconciertan a mi padre ya angustiado por su legado amenazado. Antes de esto había cerrado mi despacho profesional, el cual llegó hasta donde pude llevarlo en 35 años de oficio, sin mucho mérito y con éxito relativo pero a mucho orgullo y satisfacción; siendo así, me sentí con la libertad de la responsabilidad cumplida y el momento oportuno de iniciar mi proyecto de vida sabática y de negocios ociosos, los cuales hasta hoy he procrastinado pensando que tengo tiempo de sobra para realizarlos y ya será en cuanto llegue el momento exacto. Por ahora, enfocarme en desatorar el futuro de la empresa familiar se convirtió en prioridad inminente y suficiente motivo de superación.

En el ínter… la prematura vejez se me manifiesta irremediable, la fiesta de inconsciencia llegó a su fin, avanza sin tregua el desgaste propio y la pena ajena se acentúa, mantenerse con alivio medicado sale caro, la trampa progresiva del seguro médico es incosteable y para acabarla de amolar, mis amigos viejos y extraviados se perdieron cada uno en su camino errante o su dogma aberrante. Enamorarse ya da pánico escénico, quedarse solo resulta sensato y conveniente para todos. Por lo visto no saber quejarse no vale de nada y está mal visto esconder la patología evidente, sobrevivir a estas alturas duele en el alma por defecto de la gravedad anatómica y la aceleración del tiempo que transcurre y a su paso apresurado escurre todo al drenaje de los malos ratos ocultos.

Con total certeza, no logro dimensionar lo demente y demandante de esta sensación hipocondríaca, a ratos me distraigo y alivio echando cuentos alusivos, sin ninguna autoridad o constancia de conocimiento sobre lo que podría ser una vida buena, desde una mala situación relativa y una expectativa nada objetiva. Pero aun así, aquí va textual, esta necia idea de sustrato optimista:

El sentido de la buena vida

El arte de vivir es un ciclo de ensayo y error continuo.

El sentido de la vida es sin remedio hacia la muerte… la dirección atinada sería sin embargo: elegir en lo posible, el camino que te toca tomar y hacerlo transitable hasta donde llegue o no llegue el significado autoimpuesto a tu vida transitoria, eligiendo además mantener en buen estado material y emocional el vehículo humano que conduces, invariablemente hacia un destino flexible en mente.

Sustento filosófico: Es la intuición central de los estoicos y de Montaigne. Séneca decía: “No es que tengamos poco tiempo, es que perdemos mucho”. Heidegger lo formaliza: somos ser-para-la-muerte y solo al asumir esa finitud como única certeza, la vida se vuelve elegible. Tú lo llamas “destino flexible en mente”, la psicología ACT lo llama flexibilidad psicológica.

Una vida buena será siempre relativa a la circunstancia real del individuo y a la expectativa irreal que se crea de él mismo, el balance entre ambas ideas del estar y el querer ser, se da en la sana distancia circunstancial y el desapego a la expectativa del resultado imaginado, siendo la incertidumbre la única constante y la muerte la única certeza.

Lo que se entiende por una vida buena en personas con circunstancias y expectativas desiguales, es la capacidad de entender y percibir su propia realidad como singular, independiente a lo adversa o favorable que parezca su situación personal o social de vida, quienes sean capaces de verse afortunados y por lo tanto agradecer su posición relativa serán los que se consigan una vida mejor sin importar el punto de partida o el destino elegido.

Sustento científico: La psicología positiva (Seligman, Emmons) ha medido esto: la gratitud disposicional correlaciona más con bienestar que el ingreso o la salud objetiva. No es conformismo, es el reframing del prisma que mencionas.

Escribí arriba algo así: “transitar el camino elegido con un significado impuesto a la vida”, queriendo decir que imponer un significado propio o ajeno a nuestras vidas, facilita y favorece la motivación personal durante el recorrido. Un propósito humano o sobrehumano que sea suficiente motivo para despertar al nuevo día y adelantarlo cada día.

El privilegio como desventaja

Si creces en un entorno favorable y con una apariencia aceptable, la vida te aparenta sonreír y te facilita el camino. Si naces acomodado es más cómodo estar presente entre los tuyos y los otros y desenvolverte libremente sin necesidad de nada extraordinario. La desventaja es que te crees elegido y te crees que mereces esos privilegios inmerecidos y exclusivos de pocos, y no es así, eso te hace sentirte parte de la minoría superior y te libra de los trabajos forzados impuestos a las mayorías desacomodadas. Eso termina siendo una desventaja ya que la superación en la vida necesita un incentivo que provoque ambición vital genuina y la gente que por desfortuna se encuentra en buena posición, difícilmente de ahí se mueve, avanza o trasciende.

Los de no tan arriba a diferencia de los de mero arriba, no cuentan con fortunas inagotables, lo que tienen es capacidad colateral de endeudarse sin límite, lo que acumulan son deudas y angustia de insolvencia, sin embargo el sistema te permite convenientemente mantenerte justo a flote, siempre que pagues puntual el mínimo posible y reestructures al máximo el adeudo eterno.

Sustento antropológico-social: Bourdieu lo llamó habitus del privilegio: la ventaja heredada se vuelve jaula. Y Nassim Taleb lo complementa con la idea de antifragilidad: sin fricción, sin necesidad real, no hay músculo vital.

La ventaja del desposeído

Cuando alguien no tiene nada que perder… se permite apostar a ganar sin miedo. Idealmente busca ganarse la vida con la fe de salir adelante en el mañana y eso le da certeza y satisfacción presente y un pretexto suficiente para celebrar una vida despreocupada; así ya va de gane viviendo el ahora sin reserva, el presente con alegría y sin la carga del pasado a cuestas o la angustia del porvenir incierto. Esa ventaja imaginaria se pierde o se extravía cuando la desesperanza se apodera de los actos y conductas del que sufre la justa percepción de injusticia y decide así renunciar a la vida buena y ganarse la vida a como dé lugar y se pueda; es ahí, en donde naturalmente se rompe el optimismo de un mejor futuro y se pierde la fe en el prójimo y uno mismo.

La equidad artificial y evasión virtual

Hoy todo mundo por igual, sin discriminación alguna, estamos enchufados y adictos al omnipresente internet de todas las cosas, con acceso democrático ilimitado a cualquier contenido metaviral. Los algoritmos inteligentes nos tienen agarrados por el lóbulo frontal ya de por sí atrofiado; y por ahí, nos suministran cuasi intravenoso una predeterminada dosis de dopamina de la mala y una masiva versión de la ridícula realidad virtual; perdidos en la nube, Google o Meta u otra nos dan el suero o placebo que mejor convenga y consuele nuestro sesgo incognitivo, con tal de que nos evada de la verdadera verdad incómoda. La afectación mayor es la pérdida de fuerza de voluntad, debilitada por el engaño de hacernos creer que estamos conectados al mundo ajeno y a la sabiduría universal, lo que nos condena a la incapacidad mental de escapar de nuestra terca e ignorante soledad emocional.

Sustento: Es lo que Byung-Chul Han describe en La sociedad del cansancio y Psicopolítica: ya no nos oprimen desde fuera, nos autoexplotamos con la ilusión de conexión. La neurociencia lo confirma: el scroll infinito secuestra el circuito de recompensa y atrofia la corteza prefrontal, sede de la voluntad.

El espectáculo dentro y fuera del estadio

Es diferente vivir la vida en vivo que diferida. En el estadio se vibra el imponente colectivo imaginario y se siente la densidad física de la realidad cuántica: todo mundo atómicamente concentrado en mover algo por telequinesis hacia la meta contraria, energía cinética que por euforia contagiada mete goles o para penales mágicamente. La gente que se queda fuera del estadio y recurre a la transmisión remota, percibe una realidad fuera de contexto, intermediada diluida o amplificada por un cronista de ficción televisada. Así, exponencialmente nos pasa en las redes sociales, uno piensa que la conectividad es un estadio común y vinculante, y sin embargo esa conexión es virtualmente falsa, es decir sin el pulso vital de la experiencia viva.

Lo mismo pasa con el supuesto activismo de protesta en redes, nunca desenreda la causa o problema, nada funciona como ir a meter el cuerpo al flujo masivo de una manifestación humana en carne propia. En una marcha voluminosa y fluida, uno pasa a ser parte atómica de un cauce en movimiento inercial, que cuando toma fuerza se desborda a dimensión cuántica. La unidad es el todo.

Sustento: Guy Debord lo anticipó en La sociedad del espectáculo (1967): vivimos la representación de la vida, no la vida. Y Durkheim hablaba de efervescencia colectiva: solo cuando los cuerpos están juntos se produce la energía social que transforma.

La adicción a no pensar por uno

La realidad aparente es tan compleja o perpleja, que nos rebasa por mucho, nos deja sin saber qué pensar de lo que existe o no existe, de lo que es real o surreal y eso nos confunde y, por flojera o negligencia nos lleva a endosar y suscribir cualquier cosa que mande posteado tu algoritmo amaestrado para complacer tu prejuicio; así es que, los que se dedican a pensar por otros, de buena o mala fe, a pensar por los limítrofes de pensamiento corto, alimentan la ignorancia por conveniencia.

Ésta sesgada resonancia apegada a la opinión unipolar de otros puros afines, produce propaganda dura que se vuelve ceguera dogmática y un mal hábito adictivo, lo que no ayuda en nada a la conversación pública ni a la consciencia plural colectiva, radicaliza la intolerancia a lo divergente y polariza a la sociedad populizada.

Sustento: Es la cámara de eco que describe Cass Sunstein y la espiral del silencio de Noelle-Neumann. Antropológicamente es tribalismo: preferimos pertenecer que entender. Zygmunt Bauman diría que es el costo de la modernidad líquida: ante tanta incertidumbre, compramos certezas baratas.

La complicada salida de este enredo de percepciones manipuladas desde el poder político y mediático en las redes y en la plaza pública, no debe ser la censura o extorsión a la libertad de expresión ni el monopolio mordaz de la verdad y menos asesinar periodistas, hoy malos influencers. La solución teórica estaría en la adopción voluntariosa de una genuina cultura de la diversidad y la práctica educada del sentido común. Suena imposible, pero mi sentido común me dice que si encontramos la forma de desconectarnos a ratos del absurdo virtual y la estupidez de la inmediatez lo podremos conseguir eventualmente. Un día a la vez.

La felicidad es un mal chiste

No hay cosa más triste que tener que explicar un chiste.

El sistema materialista desde su statu quo nos vendió que la felicidad es el fin último y que el chiste de la vida es reír para no llorar, este régimen perverso se ha encargado de que quien no encaje con los patrones y los estándares del mundo feliz advertido, estará condenado a la desgracia eterna; siendo así, “la felicidad” una condición dictada artificial de conveniencia mercantil, lo que nos queda es obviarla y sustituirla por ilusiones más nobles y alcanzables: como la alegría pasajera que da avanzar un camino placentero o la emoción íntima que da recorrer el camino elegido. “Si quieres descubrir algo diferente, recorre el mismo camino cada día”.

Sustento: Aquí dialogas directo con Camus. En El mito de Sísifo la felicidad no es la meta, es el desprecio lúcido al absurdo mientras empujas la piedra. La psicología lo confirma: perseguir la felicidad como objetivo la aleja (paradoja de la felicidad). Perseguir sentido, en cambio, la trae como efecto colateral.

La vida con buenos ojos

Un presupuesto de larga vida es vital para aspirar a más mejores tiempos, en mi caso establecí desde hace tiempo estimarme 110 años de vida buena para llegar sin prisa a las escalas y las metas previstas y si algún imprevisto me quita la vida antes de ese tiempo, pues no pasa nada, no me agobio en lo posible… es mejor que te falten cumplir ilusiones a que te sobre vida.

A pesar de todo lo difícil o malo que haya sido o pueda llegar a ser… decido con convicción: ver la vida con buenos ojos. Y por lo visto quiero creer que la suma, desde ese prisma personal optimista, siempre resultará positiva en el haber y me parece bueno valorar y agradecer _y agradecerme haber alcanzado propósitos que me dejan contento y creído de que falta todavía lo mejor y que tengo tiempo presupuestado de sobra.

Considero haber:
Vivido bien la existencia de mis seres cercanos y queridos, incluyendo la mía propia.
Procurado relaciones incondicionales con mis hijos, fraternas con mis amigos y amistosa con mis hermanos, decentes y civilizadas con mis ex esposas.
Materializado singulares empresas imaginadas, negocios creativos y sanos con socios extraordinarios y colaboradores motivados.
Apostado a ser liberal en búsqueda de una buena vida.
Cultivado el oficio de significar expresiones con una estética visual educada.
Disfrutado leer y tratar de comprender lo esencial de lo complejo. Poder sintetizar ideas propias o ajenas por escrito o trazando lo que veo y siento en mi mente y consciencia.
Hecho lo posible y deshecho lo imposible.
Ganado tiempo para perder, ociosa y creativamente.

Y lo que falta de sobra.

_agradecer… ¿a quién? A mi consciencia existencial / al otro / al ensayo general de vivir la vida / al error cometido aprendiendo / a la vida valorada como buena / al orden del Cosmos / adiós.


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