estrés ocioso

Sucede que cuando pasa y tienes la vida en esencia ganada, sin mucho que perder y nada de qué preocuparse o hacer al respecto. Viviendo como rico de tus pobres rentas, ahora el estrés se da al revés.

Es una angustia diferente, estresado por no tener en qué ocuparse para librar la normalidad de la jornada. Antes la agenda estaba llena de pendientes y compromisos importantes, ahora, con las puras fechas en blanco, es al contrario, el apuro es que tienes todo el tiempo del mundo, sin prisa, sin nada que hacer y mucho por vivir.

Entonces no queda de otra, más que rendirse al mandato del ocio. Humildemente asumirse inútil, aceptar que la electa recesión laboral es vivir en una especie de depresión incómoda. Ahí metido en tu zona de inconfort, debes saber tocar fondo, plantarte en firme y sacar provecho del estrés ocioso.

Por el momento, me dedico a tratar de describir la sustancia que me compone. Con el afán de ocuparme, escribo lo que creo que pienso de mi circunstancia y mi conciencia, intento retratarme para poder ver quien aparece en mi propia mente. Que suerte que lo puedo hacer ahora que lo pienso. Aunque la vida es muy larga, llega el momento de recapitularse y de ser posible capitalizar lo vivido y dejar un legado narrativo, un recuento de tu historia personal que constate que existe un individuo adentro de tu persona.

Lo que en mi caso escribo, no obedece a complacer a ningún lector externo, es una simple conversación amistosa entre uno mismo. Si acaso tuviera un propósito agregado, sería revelarte tal cual, frente a quienes has elegido como tú reparto estelar en esta obra de ficción y fantasía.

jacuzzis

Existe también gente con jacuzzi en su departamento de la Planetario Lindavista, algunas de estas además, con su tiempo compartido en Acapulco, junto con centenas de otras familias parecidas, en desiguales condominios con albercas desoladas y jacuzzis asoleados. Sin mar enfrente, pero con derecho a brazalete de acceso a un apretado club de playa, a diez minutos de acalorada distancia en coche apenas acondicionado al clima.

El jacuzzi antes mencionado, de no menos de cien litros de agua enardecida por el boiler de paso y recién salida del negro tinaco compartido. Hidroterapia metida entre espejos, apenas en el baño de la recámara principal, igual que en varios otros departamentos de aquella privada conocida. Un lujo que se antoja extravagante, pero la verdad es que, para quien lo goza es una merecida ventaja, al fin y al cabo, bien o mal pagada.

Gente abusada que presume bonanza y aprovecha que el consumo de agua está incluido en la cuota de mantenimiento, igual para todos, con o sin derroche del vital fluido a borbotones desbordado en la presumida tina de hidromasajes. Abusando así del placer obtuso de gastarse el agua ajena a su ancha y regalada gana.

Regresando a lo de Acapulco…Las soñadas vacaciones obligadas, dos veces al año al mar, se convierten en una pesadilla, ya que implica endrogarse más de lo normal, más un impagable sacrificio financiero y un esfuerzo sobrehumano por sobrellevar a la señora y su familia unida; toda junta, al mismo tiempo a dentro de un cuadrado espacio de setenta metros cuadrados. Y encima sobrevivir con el ojete síndrome de abstinencia, por la falta de tomar y fumar lo suficiente, culpa de las absurdas reglas de las áreas comunes, club de playa, albercas, y sobre todo, a los malos ojos y actitud de la suegra enjaretada.

La eterna migraña que te acompaña a la playa y encima nadie para ayudarte siquiera a cargar la hielera, llena de gaseosas familiares para grandes y chicos, todos ya igual de obesos. Ya instalados todos justo a la orilla de las olas, abajo de un toldo de setecientos varos el día, precio siempre de temporada alta, incluidos por supuesto: dos cansados camastros, una mesa medio coja y cuatro sillas disparejas.

El domingo transcurre caótico y católico como es de esperarse. A Sol pelado, arena hirviendo y olas revolcadas de gente chapoteando. Los padres y las madres a grito sordo azuzando a sus escuincles mocosos para que no se metan a lo hondo. Desquiciados estos, con cubetas fluorescentes acarreando agua a la fosa del castillo, ampulados ya sus cachetes de tanto sol obsceno, sin bloqueador que aguante tanto rayo ultravioleta.

De vuelta al jacuzzi en casa, supongo que no hay mayor placer que estar de regreso encerrado en tu baño, sumergido en chorros de agua no renovable. Relajado con una cuba cargada y un cigarro en mano, con el placer del deber cumplido, soñando entre líquido amniótico con la próxima escapada al mar, pero ahora, dios mediante, sin las criaturas malcriadas y con una señora más buena y complaciente.

falsos

Desde hace mucho muchos años, en este mundo falso que vivimos, los infelices aprendieron que el dinero mal habido daba el poder de comprar a todo quien se dejara convencer de lo contrario.

Lo agravante es que estos mismos aprendices de malandros, además, aprendieron a mentir cínicamente.

Entendieron desde niños a que dominar la entonación jalada y el lenguaje floreado, además de dar buenas calificaciones, les daba por buena, la absurda sinrazón para engañar y enredar con la retórica oratoria a cualquiera que no entendiera de razones.

Estos oradores relamidos con saliva, han logrado con su labia empalagosa, dominar la tenebrosa escena política y transar desde el estrado secuestrado, para desviar nuestro dinero a su conveniencia y ganar así, una y otra vez, el poder de comprar a todo quien se dejara convencer de lo contrario.

“Yo ya no me pertenezco, yo ya soy de ustedes, soy del pueblo de México, sin ustedes los conservadores me avasallarían fácilmente, pero con ustedes, me van a hacer lo que el viento a Juárez».

«Estamos ante un momento estelar en la historia porque entre todos, empezamos a construir la justicia y la felicidad que nuestro pueblo merece y una nueva vida para nuestra gran nación ¡Viva México!”

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discurso en curso

Siendo un formal empresario, hace más de 18 años vote por fox para presidente, creyendo ingenuo que la “derecha” era la mejor opción de cambio y la salida posible a los malos y abusivos gobiernos del partido de “la revolución institucional” ( lo que sea, que eso haya significado). Antes, convencido vote de “izquierda” por Cárdenas, quien fue vencido a la mala en urnas vilmente violadas… y después hace 13 años voté y apoyé a López porque pensé que era tiempo urgente de atender a los más pobres y controlar a los más ricos.

Para esto se necesitaba un líder cercano al pueblo, con un equipo inteligente a su lado, quien supiera manejar el lenguaje popular, con un discurso congruente y empático con la injusta tragedia de las mayorías. Ahí se perdió el momento justo. Y en las dos siguientes elecciones presidenciales, por dignidad y congruencia, anule mi voto.

En aquel pasado crítico, tuve el privilegio de colaborar con la célebre publicista Teresa Struck (mi suegra de entonces QEPD), en la creación de la campaña de su autoría “ Por el bien de todos primero los pobres”, y en aquel entonces discutía civilizadamente con mis amigos priistas y panistas, sobre la conveniencia de que ganara la “izquierda moderada”; que las “barbaridades” que profesaba Lopéz en sus arengas discursivas no se las tomarán personales, que no era a nosotros que nos hablaba el candidato popular, sino a la gente que lo necesitaba y lo pedía a gritos.

Les decía yo convencido, que él ya había demostrado, como jefe en el DF,  que supo mediar y salir bien librado entre “ La ciudad de la esperanza” y “ El territorio Telcel”, Los trataba de convencer, en la incertidumbre, de que López no era un necio y que entendía de que la iniciativa privada era necesaria para el progreso y el cambio que prometía.

Ahora doce años tarde, escuchando a AMLO celebrando de presidente ayer en el Zócalo, espero de verdad, que su discurso surta efecto y sirva para lo que se necesita:

Ganarle tiempo a la apurada violencia y desesperanza, confrontar al desigual status quo prometiendo a los necesitados y a los enojados, que por el bien de casi todos, se va a corregir el estado actual de las cosas. E, idealmente, mantener en marcha lo que mal que bien va en curso. 

Esto último, es lo que no parece que aparece en el discurso en curso, ni en muchas de las acciones o intenciones necias de gobierno. Sin evidencia ni datos convincentes, tendremos que tener fe ciega en la misericorde providencia mexicana.      

clasemedia

Vengo de una ciudad en donde parece que se ha dado algo de progreso y movilidad social. En ese singular lugar, la clase media se sentía así, ya que alguien les hizo creer que la gente bien, comía carne cada tercer día. En esa enorme y descarnada urbe, había puestos de tacos de carne a la parrilla junto a casi cada alcantarilla.

En la superficie de esta metrópoli sobrevivimos básicamente cuatro especies urbanas: Los de mi condición, empleados de media clase; los taqueros; los franeleros y los policías. En el bajo mundo, habitan además otras especies con las que nos cruzamos a diario, pero esos serán materia de otro cuento.

En éste que les cuento… mi día transcurría como siempre: Le dejo muy temprano a mi mujer, para el gasto justo del día y, cada dos semanas, una nota para la casera… que me aguante hasta el día quince por favor. Sin más, me lanzo temerario y en ayunas a la oscuridad y recorro veinte cuadras para ahorrarme la pesera y el riesgo de que me roben el celular con crédito aún.  Abordo el metro en la San Pedro que milagrosamente me lleva directo a Auditorio, de dónde camino apurado veinte minutos para llegar derrapando a las siete cincuenta y nueve a eme a la oficina.

Mi trabajo está en un enorme corporativo con sede en el piso veinte de la Torre Chueca, subo diario en alguno de los ocho elevadores programados, uno más inteligente que el otro, y arriba checo mi tarjeta digital como cualquier, para después en un descuido, bajarme de inmediato a almorzar mi consuetudinaria torta de tamal, con mi atole con canela y dos de azúcar; suficiente, para aguantar de regreso, hasta mis acostumbrados tacos de la noche.

La pobre clase empleada subsistimos con la ilusión de ser de los de enmedio, y sobrevivimos enfermos a dieta de puestos ambulantes, operados por la supuesta clase baja, por los dichosos marginados, que en este caso parece, que en saldo neto, perciben más que sus clientes de clase arriba.

Uno se piensa un extraño afortunado en la ruleta de la vida, siempre te encuentras a uno más jodido que uno, pero todos al final, sobrevivientes, coincidimos en la noche a la salida, en la esquina de los tacos. Unos los pagamos con dos de a veinte y otros no pagan en billete pero hacen posible que el noble y generoso negocio de los tacos, suceda al margen de la crisis, la ley y la banqueta.

De arranque el franelero, que por dos de costilla les aparta su lugar para que a las seis treinta puntual, llegue en su triciclo el de las seis rejas de Boings, a depositarlos en su lugar exacto, poco después como por arte de magia, aparece ahí mismo un bloque de hielo agüitándose sobre la acera tibia, a los cinco o diez minutos siguientes, llegan el de la estaquítas manejando y, cuidando atrás los triques, un trío de dos dispuestos taqueros y el jefe que destapa los boings y cobra los papelitos.

Los tres por igual junto con el chofer que los trajo y los recogerá a las nueve treinta  pe eme, se ponen prestos a armar el puesto, justo a lado de los boings ya fiados, instalación que consta de sus negros postes tubulares, que sostienen su hule verde grueso, bien tensado, su mesa de trabajo enmantelada en amarillo y bien calzada con su cuña de corcholata, su parrilla de fierro cocido y abajo su cilindro chico de gas lleno y hielera de lamina sin tapa.

Más tarde y a la par de algunos como yo, solitarios comensales, se aparecen por su taco, éstos si en pareja, los de la patrulla MX con cinco números, siendo seguro ceros los primeros dos. Con su torreta estroboscópica encendida, ambientando así la aromática y humeante esquina, con su luz alternante, rojo alarma y azul alerta.   

De mi parte, la ambulante cena de echar taco antes de llegar a disculparme en casa de haber comido tarde con los compas de la chamba, en el nunca acostumbrado estanquillo de comida económica, fungía bien de mentira piadosa, para que mañana alcance el cuarto de bisteces con verduras, para toda la familia, incluyendo la muchacha que cocina, siendo así una digna familia de clase media que come carne cada tercer día. A costo de que yo cene parado en la calle y llegue a mi casa a monitorear inapetente, los noticieros amarillos. Para después que mi esposa acueste a los niños, pueda ver con ella, en la cama, una serie en netflix con la posibilidad de no verla y acostarme con mi señora sin dormirnos necesariamente.

En mis sueños sueño, que mañana me anunciarán el esperado ascenso a jefe de área y con eso la ganancia de que alcance para toda la quincena y pueda ahora si comer sentado como dios manda, como en casa de cualquier exitoso taquero de la calle.

F I N

sin sentido

El sentido de la vida es,

hacia la muerte.

Saber que eres intrascendente,

la certeza de incertidumbre

con la ilusión de no serlo,

de alguna forma imaginaria.

Imaginar que existes

sólo y solo en

el presente que se detiene

un instante en tu mirada,

sin volver atrás,

sin ver adelante.

Y así la vida parece ser

un contratiempo sin sentido

dubitando

Dudo que la felicidad exista como suponen las buenas costumbres y las malas películas.

Ahora creo, que a lo que se puede aspirar, es simplemente a estar contento.

Lo cual ya es gran cosa.

Sin embargo nos han querido convencer, que contento no es suficiente.

Contento es más que suficiente: es completo, es estar contenido por uno mismo, pleno por dentro, satisfecho con la vida misma.

Por ahora, sin necesidad de más

nada.

pinche duda

de repente me entró la duda…. qué tal si todo lo que creo es una necedad sin sentido, que en algún punto me confundí y todo es al revés ed omóc ol osneip.

Comenzando con lo del más allá. Será que aquí no acaba todo?, que venimos a esta vida a sacrificarnos por una mejor porvenir?

Bueno y si eso… que tal si perdimos el paraíso terrenal por una manzana mordida que salió podrida.

Qué tal si deveras Dios nuestro señor, lo es? Y que nos tiene siempre ubicados en tiempo real y a la vista desde su nube?

A estas alturas, ni modo que me convierta en otro.